martes, 25 de septiembre de 2007

LOS QUE NO DUERMEN

No duermen.
Duenden
con pasos pequeños por el revés de las cosas.

En los bares se dejan
fuman en silencio
mientras delante una vampira en desuso
los execra de antemano.

Los que no duermen tiran de la cuerda
y es el insomnio su única luna
la franela gris traje del día
amenaza neblina esta semana.

Los que no duermen
preparan posavasos para la visita
vasos invisibles
y la sola noche viene
no ánima no father no mother no whisky soda
siquiera un peter pan desorientado.

Los que no duermen
están oblicuos de sí
y eso es lo imperdonable.

8 comentarios:

Carlos Bagnato dijo...

¡Hola Amanda!
Estoy leyendo tus textos. Sigo escuchando un rumor difícil de identificar. Serán -supongo- los ventanas siempre redondas.
Otro SI DIGO: disculpas por los guiones cortos en lugar de los largos. Es un asunto de HTML que me supera. Como el olor del agua.

amanda dijo...

Gracias, Carlos, por estar acá! Somos vecinos, no? Andaré por ahí. Amanda.

Carlos Bagnato dijo...

¿Vecinos?
Hummm. No sé. Hagamos una cosa. Asomate a la ventana. Yo tengo un arborrilete en la puerta de mi casa. Avisame si lo ves. O decime qué sombrero tenés puesto, así te reconozco cuando andes por ahí.

amanda dijo...

Digo: vos tenés la A de Aguafuertes y yo la A de Amanda, somos vecinos. Carlos, para que no pierdas tiempo te cuento: estos relatos un poco largos forman parte de una historia, están al revés, empiezan al principio del blog, y siguen, hasta estos que son los últimos. Es posible que los leas y no entiendas nada, aparte de los defectos de escritura, que serìa otra razòn. Saludos, gracias por estar por estos lugares acuosos! Ah: sombrero no uso, tengo mucha nariz para sombrero. Amanda.

Carlos Bagnato dijo...

Claro, ahora te veo. La de la nariz. Síiiiii. ¡Hola!.

amanda dijo...

Todo bien por allá?

Carlos Bagnato dijo...

¿Por acá?
Síiiiii...un poco solitario,pero por suerte las fotos ayudan a pasar el rato.

El agua brotaba de la vereda, las paredes, el cielo. Caminaba sintiendo cómo los pies se teñían de marrón, de frío, de melancolía. La lluvia era una piel nueva, renovada a cada momento, dibujando y borrando la cara del caminante. El agua, la calle y el caminante tenían el mismo destino.

amanda dijo...

Qué linda escena, Carlos! Gracias por andar por acá. Cómo fue la lectura? Vi las fotos, no estuve merced mi opaca existencia de burócrata.