lunes, 21 de enero de 2008

DERIVAS I -LAS HIJAS DE PUTA

Me levanté porque el dolor de cabeza era insoportable y tenía que ducharme y buscar unos migrales. Me hubiera quedado un año en la ducha pero tenía que ocuparme de Diamante. Después del baño me anudé la toalla en la cintura y me despeiné con cuidado. En el espejo me encontré un poco viejo, pero me seguían gustando mis cejas.
Cuando volví al dormitorio Diamante seguía dormida y ocupaba ahora toda mi cama. Pensé que era el momento de preparar el desayuno, tomarlo con ella, jugar a que. Pensé también en que siempre había sido momentáneamente incapaz de hacerlo.
La había conocido la noche anterior en Nilo. Juan y yo tomábamos un varietal de origen sospechoso pero autorizado por nuestros presupuestos. Estaba en los puffs con otras dos, fumaban de la manera en que fuman las mujeres cuando dejan adivinar un entredicho, un entreacto, algunos entres que uno aborda entusiasta esperando obtener una redención modesta.
Creo que fue porque le miraba tanto las piernas que pasó a mi lado: -Quiero ser tu diamante de mentira –dijo.
Me gustó lo que dijo. No dejaba de ser literario o al menos lo era para mí en comparación al varietal y el origami en que me tenía sumergido Juan desde hacía media hora con la excusa de que debía adoptarlo en lugar de la batalla naval. No fue difícil desdeñar el origami y optar por las piernas de Diamante.
Ahora ella dormía y yo no encontraba los migrales. Uno de los misterios no develados por la ciencia era por qué los migarles nunca estaban cerca, había que buscarlos como piedras preciosas o como preciosas pétreas mujeres, pero siempre buscarlos. Revolvía el cajón de las medias y me atravesó un espasmo de terror. No estaba seguro de mi buen desempeño con Diamante. No recordaba casi nada, excepto la exploración inicial de sus muslos y en el momento en que mis dedos los diez ansiosos pudieron arribar a la parte más alta y deliciosa justo ahí, tac: la hija de puta. Justo en el comienzo de la hija de puta se aparece en mi cabeza diciéndome no sabés, es igual a vos, es un tipo igual a vos. Recordaba sólo eso. Qué hija de puta, aparecer así para molestarme. No le bastaba llamarme llorando porque las canillas gotean, los pájaros cantan y la vieja se levanta. Rompía y rompía todas las pelotas que podía desde todos los ángulos que podía.
Ese estímulo podía haber sido benéfico o no para mi rol de maratonista sexual con mi diamante artificio. Dormía con una expresión que no denotaba atrocidad predecible. En cualquier caso, ya era irreparable.
Mis amigas eran unas hijas de puta. Narcisa invadiendo todo, hasta mi módica actividad sexual. Hijas de putas de putas y de generaciones de putas. Berta con sus manueles y sus yabastas. Anka, la más confiable de las putas, obnubilada y obliterada por un tipo. Diábola magic la peor, con su agua de lluvia. En cualquier momento hacía con mi escroto un lindo alfiletero para su escritorio. Reverenditas hijiputitas. Una vez yo había dicho pico y se reían como locas con eso de pico. Les encantó. Pico qué lindo. Acá es pija, nombre de fantasía del miembro. Hijas de puta, ni Anka se sonrojaba. Era la primera vez que estábamos los tres en el bar del puerto.
Y con el putidiamante que dormía en mi cama con putiplacidez tendría que acordar algo. Te llamo. Cenamos. Todo eso. Jugamos batalla naval. Eso. Entonces nunca más me llamaría. Así sería mejor, más putipiernas y piedras de escaparate. Joyas de catálogo accesibles a todos.
Encontré los migarles menos putos que mis amigas putas y tomé dos. Todavía el segundo no había sorteado la hostilidad de mi tráquea cuando vi un sobre debajo de la puerta.
Lo abrí. Era de la secretaría del doctorado. Que mi proyecto requería reformulaciones. Que etcétera que etcétera. Entendí que no estaba aprobado. Busqué el reglamento con más fervor que a los migarles. Lo repasé. Artículo treinta y cuatro. Sí. Bien. Todo bien. Ahora sí que la hicimos bien. Boludo, como me dice ella. Sos un boludo.
Entonces tres meses más. Podía reverlo y aprobar o todo a la mierda. Volver. Adiós tesis adiós mi vida adiós todo lo que era. A Chile me voy cruzando la cordillera. Adiós a las hijas de puta. El estómago me estrujaba a mí si era posible eso, o me parecía que me estrujaba.
Supe que estaba a la deriva. Todos lo estamos, pero era mi especialidad. Volví al espejo y trataba de enfocar. Siempre lo había estado, pero mientras estaban mis amigas yo tenía un lugar donde podía anclar y tomar unos martinis. Pico, ay, qué lindo, decían las hijas de puta y yo y mi miedo seguíamos ahí sin poder hacer nada. No quería perderlas, volver a Chile, sólo los mails y hablar por teléfono, nunca más el bar del puerto. No podía. No teníamos nada más que lo poquísimo que teníamos, pero no podía perderlas. No sabía por qué. Mi afición era. Las tres eran una, o no: eran tres pero yo era tres.
Por soberbia o por decoro traté de pensar lo contrario. Que ellas no podrían sin mí. Naufragio de Narcisa. Y ahí dominó de tres fichas, derrumbe Berta y derrumbe Anka. No sabía cómo era. Tampoco importaba. Lo único que sabía era que podía aceptarme barco y resistir la deriva, pero que no podía soportar perderla. Y la ese, qué mierda pasaba con la ese que me había comido ahí.
En el marco de la puerta apareció Diamante y le cedí el baño.
Tenía que llamarla, reorganizar el proyecto, o al revés. Calculé el tiempo en que Diamante estaría en el baño y llamé.
-Qué hacés tan temprano? –me dijo.
-Quería corroborar, si cambio la batalla naval por el origami me seguirías queriendo?-
Se rió. Por supuesto, y te ayudaría a doblar papelitos, dijo su buen humor inesperado.
Fui a preparar café. Eso solo sería mi puerto por unos días. Unos días en que me encerraría con el proyecto, a la mierda con las innovaciones, hacerlo como lo quieren y ya. Después de todo a nadie le gustan las derivas. Mucho menos a los hombres de ciencia.

2 comentarios:

Verbario dijo...

Me gustó esto Amanda, es una putitomografía de un cerebro putimasculino... habiéndoselas con esa putideriva.
Un abrazo

amanda dijo...

Este tipo tiene los tìpicos ataques de los tipos, esos en que todas son putas. A mí me divierte esa parte en que se encocoran así, son muy tiernos. Gracias por la fidelidad. Un abrazo.