sábado, 23 de junio de 2007

DERECHO DE REPLICA

La muerte llega en un barco puntual.
Uno ve su presencia a destiempo.

He dejado de ser una mujer.
Me veo
macrocéfala, oscura
ojos inyectados en sangre verde.
Ergo
he dejado de ser de este mundo.

La muerte está aquí esta madrugada
a mi lado
en el cuarto de paredes austeras
y un cuadro en el que danzan parejas sin rostro.

Me deja esta señora un cubo negro
con su signatura de tinta indeleble
su huevo vacío y otros artilugios
los hermanos perdidos en esclusas malolientes.

Déjelo aquí, lo acepto.
Pero sepa, señora:
hoy he visto
un hombre que tiraba de su carro
con huevos y botellas de miel
todas dispuestas
equidistantes
doradas, simples.
Y supe una vez más que el mundo
es extremadamente bello.
Nosotros
los que caducamos cuando ud. lo dispone
podemos verlo
la belleza nos pega en la cara
algunos días es así todo el tiempo.
Quédese entonces con su eternidad.
Nos fue dado eso y preferimos.

Completo su formulario sin reservas.

Un niño que nace entre enfermeras blancas
la leche las lágrimas la miel los abrazos
el olor de la piel
los libros abiertos a la luz de una lámpara
las sábanas
las ofrendas al mar
los lejanos
todo eso no puede llevárselo, señora.
Permanece en el río que no cesa.

Aunque yo ya no esté
aunque todos los que estamos hoy no estemos.

2 comentarios:

Verbario dijo...

Uno percibe su presencia a destiempo... es verdad...
Pero tenga la piedad de dejarnos ver antes, la belleza que nos pega en la cara.
Sólo eso.

amanda dijo...

Un abrazo Verbario. Qué ganas de verte.